Recuerdos de toda una vida

Recuerdos de toda una vida”, no son ni serán nunca más que un pequeño cúmulo de reflexiones en torno a la vida y los sentidos. Mis vivencias y añoranzas. De ningún modo busco contar mi historia, ni mis dichas e infortunios. Nada más lejos de la realidad. Tan sólo trataré de relatar aquello que observé, aprendí y sentí a lo largo de la vida, sin más pretensión que la de distraerme un poco y conseguir, al mismo tiempo, liberar mi espíritu inquieto y que alguien disfrute después leyéndolo, siempre que haya alguien dispuesto, por supuesto, que eso es de lo que se trata al fin y al cabo. Así que dejémonos por tanto de historias y, sin más preámbulos: ¡Arriba el telón!

lunes, 19 de octubre de 2009

El tren a ninguna parte

Madrid, diciembre de 2001


          Y la vida continúa, golpe a golpe, sin descanso, mientras que una frágil lluvia cae sobre la ciudad, mojando todo lo que encuentra a su paso. Calando hasta lo más profundo mi cuerpo y mi alma, desnuda y sola, mientras paseo lentamente por las vías del tren, ese tren a ninguna parte que desde aquí me llevará a la nada, lo más lejos posible de la realidad. 

          Perdido entre nubes y rayos, lejos de este mundo cruel, de la mentira, de la incomprensión y de la burla fácil y estúpida. Este tren parado en vía muerta que me llevará a ninguna parte, me sirve de refugio mientras cae más fuerte la lluvia y los sentidos se me nublan entre lágrima y lágrima que brotan de mis ojos enrojecidos, mientras recuerdo días de felicidad junto al bravo mar de mi pueblo ensoñador que ya formará siempre parte de mi. 

          ¿Que quieres? ¿Que dices? No sé que pasa a mí alrededor, pero miles de preguntas y de respuestas surgen de la nada como disparos de metralleta. La nada desaparece y surges tú, ¡Ay! ¿Que haces ahí? No recibo respuesta, que de la nada sólo se puede esperar eso, nada. Es un fantasma en mi mente o una pesadilla andante. 

          Levanto la cabeza y veo el mar, azul intenso, precioso. ¿Dónde estoy? ¿Que pasa? El tren hace tiempo que comenzó su viaje, pero no viaja a la nada, que la nada hace tiempo que desapareció, ahora viaja por la tristeza y la soledad, por la melancolía. Adiós melancolía, lo siento pero no quiero tenerte de compañía. Me apeo de este tu tren de amargura y me vuelvo, aunque sea paso a paso, aunque cueste mil años el paseo, que ya tengo pase en la felicidad y en la tranquilidad y ambas me esperan con los brazos abiertos.

          ¿Donde dices que estas amor? El amor se que me espera en cualquier esquina, es fácil conocerlo, lleva siempre una sonrisa abierta y sincera y recibe a los viajeros con los brazos abiertos, con su corazón lleno de felicidad y pasión. Felicidad que bonito nombre tienes. Esperanza, no me olvides. Caridad, apiádate de mí.

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